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Entrevista Lista A: Carlos Insunza

  Publicado el 18 de Octubre, 2014
Carlos Insunza es actualmente el Vicepresidente de Modernización del Estado ANEF, presidente nacional de la Asociación Nacional de los Funcionarios de Impuestos Internos de Chile (ANEIICH) y Consejero Nacional de la CUT. El dirigente encabeza la Lista A “Contigo construimos una ANEF que avanza y lucha”.
¿Cuál es el rol que le corresponde a los trabajadores en el actual proceso político?
Quienes somos parte de la lista A, bajo la consigna de “Contigo construimos una ANEF que avanza y lucha”, que es una apelación a los funcionarios públicos para volver a fortalecer su principal instrumento de reivindicación y organización como es la ANEF, compartimos plenamente lo que la Central ha venido levantando como evaluación respecto a que en nuestro país se impone la necesidad de derrotar la profunda inequidad que existe y avanzar hacia una sociedad democrática e inclusiva, con iguales derechos para todos y todas. Sin duda, ese debate no puede sólo enfocarse en el ámbito de las políticas sociales y de la pobreza, sino que es un debate que tiene que abordar el nudo central de la desigualdad en Chile. Es en el mundo del trabajo donde se constituye la matriz fundamental de la inequidad que vivimos en Chile y en ese marco las organizaciones sindicales son un instrumento fundamental. Si no fortalecemos el sindicalismo, si no somos capaces de modificar la legislación para permitir que millones de trabajadores y trabajadoras, que hoy día están excluidos, accedan a la posibilidad de organizarse, de negociar colectivamente y de ejercer sus derechos sindicales a cabalidad, en particular el derecho a huelga, que son las materias que se han levantado con mayor fuerza en el debate de reformas laborales en nuestro país, no es posible pensar que Chile vaya avanzar en esta línea de superar la desigualdad.
¿Y en el ámbito de los trabajadores del Estado, de la ANEF?
En el ámbito de la ANEF, y también del conjunto de los trabajadores del Estado, sin duda las prioridades son: superar las limitaciones que hoy día persisten respecto de la libertad sindical; avanzar en nuevas direcciones respecto a los problemas estructurales que por años hemos diagnosticados  respecto del empleo público, en cuanto a su precarización, a la estabilidad laboral, a la ausencia de desarrollo de carrera; a la discrecionalidad de las jefaturas respecto al cumplimiento de la misión de los servicios, todas cuestiones que afectan directamente a los trabajadores y trabajadoras. Para avanzar en esta dirección se debe comprender que el Estado tiene un doble rol que jugar. Tiene que ser el impulsor de políticas públicas que transformen la realidad de los chilenos, impulsado por el proceso de reformas en curso, el Estado va a jugar un rol fundamental en esta proyección; pero por otro lado también tiene que hacerse cargo de su condición de empleador y tiene que resolver estas problemáticas. Porque sin trabajo decente no es posible pensar que vamos a tener servicios públicos de calidad para la ciudadanía, ni que el Estado vaya a ser capaz de avanzar con respecto a las materias estructurales que hoy día están puestas en la agenda.
Dentro de la agenda de las reformas laborales. ¿Cuáles te parecen más urgentes?
Los pilares fundamentales son: el fortalecimiento del sindicalismo y la ampliación de la negociación colectiva. Esos son los objetivos centrales. Uno podría organizar todas las demandas que están planteadas en términos particulares bajo estos dos grandes paraguas. Es decir, más trabajadores organizados, en organizaciones con mayor fuerza, más grandes, en un marco de relaciones laborales y una legislación laboral que no promueva la fragmentación de la organización sindical. Y, por otro lado, organizaciones sindicales que puedan cumplir su función fundamental, que es la negociación, porque sino se transforman en entelequias.
Y el reflejo de esto en el sector público es bastante nítido. Por 20 años nos acostumbramos a que las prácticas del gobierno de turno permitían establecer dinámicas de relaciones laborales que permitían negociar ciertos niveles de derechos sindicales, ejercer derecho de huelga y que los problemas estructurales del empleo público se vieran relevados, no se le asignó mayor prioridad, porque las dificultades se contenían en los marcos de relaciones establecidas. El gobierno de Sebastián Piñera, demostró que eso era de una fragilidad inmensa y quedaron al descubierto todas las falencias de la enorme precariedad del empleo público, de la falacia de quienes acusaban de la inamovilidad en el empleo público después de haber despedido a 12 mil trabajadores del Estado en 4 años. Entonces se hace evidente la fragilidad del marco legal que nos rige. Porque la legislación sigue prohibiendo la organización y el derecho de huelga para los funcionarios públicos, y esto incluso, a través de sanciones administrativos, explícitas en el Estatuto Administrativo y durante el gobierno anterior vivimos el proceso de sumarios administrativos y persecución sindical por la vía administrativa ejerciendo estas facultades que permanecen en la ley.
Por eso decimos que la ANEF debe proyectarse en un nuevo ciclo de fortalecimiento de los derechos de los trabajadores del Estado, y del rol del Estado mismo, haciéndose cargo de estas problemáticas del empleo público. La CUT lo ha planteado muy nítidamente, en términos de demandar una nueva institucionalidad laboral, para trabajadores privados y públicos.
¿Hay espacios en Chile para que los trabajadores alcancen el camino a las transformaciones sociales?
Nuestra lista, ve con nitidez que Chile vive hoy un momento histórico trascendente, en que la movilización social y la exigencia de la ciudadanía han abierto paso al debate de reformas estructurales que por muchos años estuvieron clausuradas. Hoy día, se debate la Reforma Educacional; sobre el fortalecimiento de la educación pública; respecto a la necesidad de transformar completamente el sistema de pensiones; y también el sistema de salud; se debaten las reformas laborales. Lo cierto es que la discusión de transformaciones estructurales está abierta en Chile y es gracias a los procesos de movilización del mundo social, del mundo sindical, del mundo estudiantil, del mundo territorial. Y por tanto, hoy en día, el rol de los trabajadores y trabajadoras es ser capaces, con sus organizaciones sindicales, de impulsar y acompañar estas reformas para que alcancen los niveles de profundidad necesarios.
¿Y ese debate cómo se interpreta desde de tu asociación base de Impuestos Internos?
Cada uno de estos debates tiene un alto nivel de complejidad, más cuando se articulan núcleos que hacen oposición a las reformas, travestidos de plataformas ciudadanas. Desde Impuestos Internos, vivimos el proceso de debate tributario y vimos claramente como el mundo empresarial salió en defensa a sus privilegios en el ámbito tributario y logró articular una campaña del terror que instaló inseguridad en un segmento de la población. La Reforma Tributaria, si bien avanza de manera sustantiva en la dirección correcta de recaudar más y recaudar progresivamente, no alcanzó los niveles de profundidad que hubiésemos querido y que impulsamos en la discusión. Esta situación se va a repetir de la misma manera en el debate a la Reforma Educacional, se está viviendo en otros debates del mismo alcance y en los mismos formatos de defensa de intereses minoritarios.
En ese contexto. ¿Cuál debe ser el rol de las organizaciones sindicales? ¿De la ANEF?
Las organizaciones sindicales tienen que cumplir un rol fundamental. Deben ser capaces de comprender que nuestra capacidad de incidir en estas reformas, en el gobierno, en el Parlamento, pero sobre todo, a partir de los trabajadores del Estado, de ser capaces de interpretar las necesidades de la ciudadanía desde la misión de nuestras instituciones. Porque hoy día se requiere más y mejor Estado, mayor profundidad en cada una de las reformas en curso y nosotros somos los que mejor conocemos estos sistemas desde el interior de la función pública.
Muchas veces los actores ciudadanos se pronuncian respecto de estas materias, desde el cómo se ven afectadas sus vidas, pero no siempre conocen el funcionamiento del Estado. Y nosotros en cambio, si tenemos ese conocimiento, particularmente respecto de las falencias existentes. A nosotros nos parece, que si bien la ANEF ha acompañado estos procesos y ha sido un actor dialogante, que ha solidarizado con los procesos de lucha de los distintos actores, no ha asumido cabalmente este rol. Los funcionarios públicos podemos ser y debemos ser un motor propositivo en estos procesos. Porque tenemos las capacidades técnicas para proveer al movimiento social y a la ciudadanía de muchos elementos que no siempre están presentes en estas discusiones.
Por lo tanto, el mundo de los trabajadores debe ser un actor protagónico en el impulso los procesos de reforma. En el caso de la Reforma Tributaria, fueron muy escasas las organizaciones del mundo social que participaron en la discusión: la CUT, las asociaciones de los servicios tributarios y quizás algunos centros de estudios más vinculados a visiones progresistas. Pero, no estuvo el mundo estudiantil, no estuvo el mundo de las juntas de vecinos, no hubo capacidad de involucrar a otros actores en la discusión. Frente a las reformas que se pondrán en agenda, se prevee una gran resistencia que levantan los actores que defienden sus privilegios. En este momento, se requerirá que las organizaciones sindicales y muy particularmente las organizaciones del sector público jueguen un papel mucho más activo y trascendente
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