El 31 de agosto, la directiva regional de ANEF Valparaíso convocó a las asociaciones del Ministerio de las Culturas para revisar las situaciones irregulares que se han presentado en el servicio. En la reunión participaron Rolando Parra y Alexis Antinao (Anfupatrimonio), Felipe Orellana y Marco Pino (Anfucultura) ambas afiliadas a ANEF y Damián Duque (Anatrap, no afiliada).
El mensaje fue claro: los despidos masivos que se anunciaron con bombos y platillos no llegaron, pero la reducción presupuestaria afecta directamente la estabilidad laboral. La administración que inició su gestión con amenazas hoy cambia el tono y ofrece mesas de diálogo, pero los avances son mínimos: reuniones mensuales sin frutos y una presión creciente sobre los dirigentes.
El nuevo reglamento orgánico, publicado el 28 de agosto, es el verdadero campo de batalla. Los dirigentes lo ven como un caballo de Troya: bajo el manto de «perfiles de cargo» se esconde un sistema de calificaciones que podría usarse para reprimir, no para gestionar. Y como si fuera poco, hay una discrepancia legal que deja al funcionario en desventaja frente al empleador.
El ambiente laboral hace un tiempo que ha generado una serie de problemáticas, licencias médicas por climas tóxicos, relaciones rotas con la autoridad. La encuesta CEAL-SM que mide el daño, y las reuniones por secciones intentan aplacar esta realidad, pero los dirigentes indican que eso no basta. En otro ámbito se han presentado recursos a la Contraloría General por contrataciones detenidas y concursos congelados.
El llamado de los y las dirigentas es a que el diálogo pase de las palabras a los hechos. Que el respeto no sea un adorno. Porque si el presupuesto se achica y las calificaciones se vuelven un arma, no será un ajuste: será una batalla por la dignidad laboral.