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Discurso del Presidente de la ANEF en Acto Solemne de Conmemoración del 75º Aniversario de la Agrupación

  Publicado el 15 de Mayo, 2018

ACTO SOLEMNE DE CONMEMORACIÓN DE LOS 75 AÑOS DE LA ANEF.

DISCURSO PRESIDENTE DE LA AGRUPACIÓN NACIONAL DE EMPLEADOS FISCALES, CARLOS INSUNZA ROJAS.

Compañeros/as, Bienvenidos/as a este Acto Solemne con el que damos inicio formal a la Conmoración de los 75 años de vida de la ANEF. Nuestro Directorio Nacional se ha propuesto dar el realce que merece este aniversario, por lo que continuaremos desarrollando un programa de actividades hasta el mes de mayo de 2019.

Con el reconocimiento a las organizaciones que concurrieron a la fundación de nuestra Agrupación Nacional de Empleados Fiscales, iniciamos hoy el ciclo de conmemoración de los 75 años de organización y lucha sindical de los/as funcionarios/as públicos/as chilenos/as.

Hemos decidido hacer esta primera actividad en familia. Invitando a los/as nuestros/as, a quienes son parte de nuestras filas y a quienes son parte del Movimiento Sindical, a un acto que recupere y proyecte la Memoria de la ANEF y de la lucha de los/as trabajadores/as, así como del proyecto histórico que encarnamos.

Lo hacemos rememorando con orgullo a líderes de la talla de Clotario Blest y Tucapel Jiménez que han conducido a nuestra organización, pero por sobre todo reconociendo a los miles y miles de funcionarios/as públicos/as que han forjado nuestra historia en cada período, en cada rincón del país. Es en la vida cotidiana, de esos/as trabajadores/as, que ha cristalizado la amalgama entre el compromiso con la función pública y la voluntad de organización y lucha sindical, que la ANEF representa ante el país.

En medio de los devastadores efectos que la segunda guerra mundial tenía sobre la economía de nuestro país, la instalación de la ANEF en el escenario político nacional fue una campanada de alerta, un llamado a la clase trabajadora a tomar en sus manos su propio destino, del mismo modo que lo fue, en 1917, la reorganización de la FOCH encabezada por Luis Emilio Recabarren, en muy similares circunstancias.

No es sencillo expresar, desde la propia organización, la relevancia que tuvo la fundación de la ANEF en la historia de Chile, sin que parezca un acto de chauvinismo o de ego institucional. Es por eso que me parece necesario citar a uno de sus protagonistas para referirlo en sus propias palabras:

La edad oscura de la administración pública terminó para siempre en el año 1943. Hasta entonces la situación de los empleados públicos era dramática: rentas demasiado bajas; impotencia ante los atropellos al escalafón; abuso de los jefes arribistas que se convertían en dioses para sus subordinados; angustiosa falta de un estatuto administrativo que pusiera orden al caos, y por último, trabajadores que asumen una resignada actitud de sometidos. El terror, el temor a las persecuciones y a las cárceles, impiden cualquier movimiento de defensa. Parecía que no había esperanza.

Así describía Clotario Blest, en una entrevista publicada por la Revista de la ANEF en 1971, la importancia de la fundación de nuestra organización, con una perspectiva de casi 30 años de los hechos.

La fundación de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales, un día sábado, 5 de mayo de 1943, fue el resultado y un impulso de la esperanza. Por supuesto, de las esperanzas de los/as funcionarios/as públicos/as, pero también de las esperanzas del conjunto de los/as trabajadores/as y el pueblo de Chile, para transformar las bases estructurales de la sociedad, para superar las inequidades y las injusticias, por medio de la organización y de la lucha sindical y política.

Y expresarlo de esta manera no es antojadizo. Desde el primer día, la ANEF se comprendió a sí misma como una Organización de Clase. La organización de los/as funcionarios/as públicos/as, mandatada a representar sus particularidades, y que en esa condición asumió sin vacilaciones ser parte de la tarea histórica de los/as trabajadores/as chilenos/as de representar directamente sus intereses, demandas y propuestas, para hacerlos realidad.

Esta concepción fundacional, de organización de Clase, explica en plenitud la relevancia que, a lo largo de toda su historia, la ANEF ha otorgado a los principios de la Unidad y la Autonomía, como parte de su estrategia de construcción sindical.

La construcción de Unidad ha sido quizás el valor fundamental que ha guiado el desarrollo de la ANEF. Por una parte, de su unidad interna: incorporando afiliados/as sin ningún tipo de discriminación política, religiosa o estamental; promoviendo la existencia de organizaciones únicas en cada repartición; articulando su organización en las provincias para actuar en el territorio. Y, por supuesto, de la más amplia Unidad del Movimiento Sindical chileno e internacional.

El primer ciclo de la historia de la ANEF es prolífero en demostrar la profundidad de su compromiso con la Unidad. En el primer año vida, la ANEF logró constituir sus provinciales a lo largo de todo el país, instalando la capacidad de relación con las demandas y luchas en el territorio que mantenemos orgullosamente hasta el día de hoy. Asimismo, tan sólo a 10 años de su fundación, la ANEF agrupaba al 90% de los/as empleados/as fiscales, pasando de las 9 organizaciones fundadoras a más de 30. En el mismo período, en 1953, la ANEF es un aglutinador fundamental para la fundación de la Central Única de Trabajadores, que supera la fragmentación en  la que estuvo el sindicalismo chileno durante casi 10 años. Y en 1967, la ANEF concurre a la fundación de la Confederación Latinoamericana de Trabajadores del Estado, que concreta un anhelo resuelto en la primera convención nacional.

Y es en función de resguardar esta concepción profunda de la Unidad Sindical, que el valor de la Autonomía cobra pleno sentido. No pocas veces fue el propio Clotario Blest quien clarificó públicamente la tergiversación de sus concepciones en la materia, señalando que no era apolítico, ni anti político, y no aspiraba a que el sindicalismo remplazara el rol de los partidos de izquierda o de extracción popular. Por el contrario, demandaba la unidad de esos partidos, como contraparte y complemento de la unidad sindical, para representar las necesidades populares.

Nuestra Unidad Sindical es también un fruto de nuestros formatos de democracia interna, no sólo en el voto, sino principalmente en el debate, y se expresa en la unidad de acción y en la disciplina del conjunto de la organización en torno a las resoluciones tomadas. Nuestra Autonomía Sindical se expresa en la independencia que nos otorga la extracción democrática de nuestras direcciones, así como en la construcción de programas y plataformas de lucha capaces de transformar la realidad.

La historia de la ANEF es un encadenamiento de construcción de estos programas y plataformas que siempre enlazaron de forma natural las reivindicaciones de los/as funcionarios/as públicos/as, con las propuestas de Reforma Estructural que el país demandaba. La ANEF nunca se entendió como una organización sólo para sí misma, sino que se forjó como una organización al servicio de Chile y su pueblo.

La voluntad de la nuestra organización de incidir en el fortalecimiento de un Estado al servicio de las Mayorías del País ha sido una constante y una prioridad, que también, resulta necesario decirlo, se funda en una visión Ética enraizada en nuestra organización. Enfrentados al abuso y la corrupción, como fuentes del maltrato y las carencias a las que se veían sometidos los/as funcionarios/as públicos/as, la defensa de un ejercicio probo en la administración, y la promoción de un resguardo ético superior en las organizaciones sindicales, es la respuesta que la ANEF da e incorpora a su práctica.

Desde su fundación, la ANEF se ha construido sobre esta base de principios que ha trascendido a los ciclos y liderazgos de nuestra organización, y que explican en gran medida sus avances y conquistas, así como la capacidad que ha tenido de sobreponerse a las dificultades y a la represión.

Tenemos el privilegio de ser parte de una organización con una inmensa riqueza histórica, no sólo por su extensión, sino por la profundidad de su aporte a la historia de Chile, y es de esperar que cada actividad de conmemoración sea también una oportunidad para desafiarnos a proyectar el legado del que somos parte, y a fortalecernos en los principios y valores que nos han permitido llegar hasta aquí.

Al releer la cita de Clotario Blest sobre la fundación de la ANEF, es imposible no contrastar los males que relata, aquejaban a los/as funcionarios/as públicos/as, para dar cuenta que no son pocos los que hoy siguen estando a la orden del día y nos siguen desafiando a ampliar nuestra unidad y capacidad de propuesta, y a profundizar nuestra capacidad de negociación, movilización y lucha, para hacerles frente.

En los últimos meses, hemos vivido una coyuntura dura y compleja, en el marco del cambio del gobierno. Pero así, la viven también las mayorías de nuestro país, enfrentados a una agenda gubernamental de retroceso y mercantilización. Frente a este escenario hemos definido dar la batalla, usando todas las herramientas disponibles (políticas, administrativas y judiciales), pero sobre todo fortalecer la Unidad y la capacidad de Lucha de nuestras organizaciones en torno a la Defensa del Empleo y la Función Pública. (mencionar reincorporados presentes)

Pero las tareas son más amplias, no nos basta con enfrentar las consecuencias de la precariedad y la inestabilidad laboral, ni defender lo que las instituciones del Estado realizan hoy, en beneficio de los/as chilenos/as. Nuestra Demanda es de carácter estructural y, conociendo nuestra historia, no podría ser de otra manera: la ANEF seguirá levantando las banderas de las mayorías, demandando Más y Mejor Estado para Chile, y el establecimiento de un Nuevo Modelo de Empleo Público basado en el Trabajo Decente, porque entendemos que sólo así es posible garantizar a nuestro pueblo un Estado Social y Democrático de Derechos.

Enfrentar las dificultades del hoy, desde la Memoria, no es nunca una búsqueda que permita replicar lo realizado. Construir desde nuestra historia debe servirnos para impulsar nuestra capacidad creativa y aportar al desarrollo de las ideas y las formas de lucha, adaptadas al presente. Pero es además un espacio para buscar el aliento, de lo que antes de nosotros/as fue posible construir y soñar.

Para cerrar este Acto Solemne, los invito a que los ecos de nuestra historia nos sigan llenando de convicción y fortaleza. Y ante los desafíos que enfrentamos hoy, recordemos a Clotario diciendo que:

Los enemigos de nuestra clase son poderosos, prepotentes y soberbios, y para aplastarlos es necesario UNIRNOS DISCIPLINADAMENTE, por sobre toda consideración, sea ésta de orden político, religioso o filosófico. Primero es vivir y después filosofar. LA UNIDAD HACE INVENCIBLE A LA CLASE TRABAJADORA, y si sabemos usar de ella, la oligarquía económica tiene sus días contados.

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